El 5 de noviembre de 2026, la Legislatura porteña aprobó la Ley de Educación Digital Integral, que incorpora criterios de transparencia, protección de datos, supervisión humana y uso pedagógico de la inteligencia artificial. Pero la Ciudad ya había extendido Google Gemini a sus escuelas primarias y secundarias. Una evaluación independiente de Common Sense Media calificó a Gemini K–12 como una herramienta de riesgo alto. El informe no examinó específicamente la implementación porteña, pero plantea una pregunta que merece respuestas: ¿cómo se verifica que la tecnología elegida acompaña los principios educativos que ahora establece la ley?
Hay una pregunta que deberíamos hacernos cada vez que ponemos una herramienta de inteligencia artificial en manos de un chico. No es si la tecnología es novedosa, no es si pertenece a una empresa reconocida, ni siquiera es si los docentes recibieron capacitación para utilizarla, es si esa herramienta ayuda a enseñar lo que decimos que queremos enseñar.
Porque podemos dedicar horas a explicarles a los alumnos que no deben delegar su pensamiento y después ofrecerles una inteligencia artificial que les resuelve la tarea completa. Podemos elaborar protocolos para proteger su bienestar emocional y elegir una herramienta que no siempre reconoce cuándo una conversación necesita la intervención de un adulto. Podemos hablar de autonomía, pensamiento crítico y aprendizaje profundo, pero dejar que la experiencia concreta de los estudiantes dependa de decisiones de diseño que nunca evaluamos.
Y entonces aparece una contradicción difícil de ignorar: ¿de qué sirve definir principios pedagógicos para el uso de la IA si no comprobamos que la tecnología elegida permite sostenerlos?
Esta pregunta cobra especial relevancia después de lo que ocurrió esta semana en la Ciudad de Buenos Aires. Ayer, 5 de noviembre, la Legislatura porteña aprobó una nueva Ley de Educación Digital Integral. La norma busca incorporar al sistema educativo una mirada más crítica, responsable y cuidadosa sobre las tecnologías digitales, incluida la inteligencia artificial.
Es una buena noticia, pero llega tarde, no? Porque no podemos olvidarnos que antes de pensar en la regulación, el Gobierno de la Ciudad ya tomó una decisión tecnológica importante: incorporar Google Gemini a las escuelas secundarias estatales y extender su disponibilidad a las primarias.
El tema es que en enero de este año, casi siete semanas antes del anuncio de extensión a primaria, Common Sense Media publicó una evaluación de Gemini K–12 que le asignó una calificación global de riesgo alto.
Entonces, esto nos lleva a pensar qué evaluaciones se hicieron, qué protecciones se comprobaron y qué información tienen las escuelas y las familias sobre la tecnología que utilizan los estudiantes. No es una discusión contra Google, es una discusión sobre la responsabilidad de los adultos cuando elegimos tecnología para chicos.
Una nueva ley que reconoce que la educación digital necesita criterios
La Ley de Educación Digital Integral fue aprobada por la Legislatura porteña el 5 de noviembre de 2026, con 43 votos afirmativos, 13 abstenciones y ningún voto en contra.
La norma alcanza a instituciones educativas de gestión estatal y privada e incorpora contenidos vinculados con ciudadanía digital, inteligencia artificial, privacidad, algoritmos, desinformación, bienestar digital y prevención de violencias en línea.
También contempla formación docente, materiales didácticos accesibles, referentes pedagógicos digitales, acompañamiento a las familias y mecanismos para conocer los hábitos tecnológicos de los estudiantes.
La aprobación es relevante porque reconoce algo que debería ser evidente, pero que durante años no siempre estuvo presente en las decisiones educativas: la tecnología no entra a la escuela en un vacío pedagógico. Entra en instituciones que tienen responsabilidades sobre el aprendizaje, el desarrollo y el cuidado de niños y adolescentes.
Qué establece sobre inteligencia artificial
Según la comunicación oficial de la Legislatura, la nueva regulación contempla el uso pedagógico de la IA con criterios de transparencia, protección de datos y supervisión humana. Las coberturas del debate legislativo también describen principios de pertinencia educativa, accesibilidad y adecuación a las características de los estudiantes. Son criterios que tienen consecuencias concretas.
La transparencia obliga a preguntarse qué información reciben las escuelas y las familias sobre el funcionamiento de una herramienta.
La protección de datos exige conocer qué información se recopila, cómo se utiliza y quién puede acceder a ella.
La supervisión humana plantea qué posibilidades reales tienen los docentes y otros adultos responsables de acompañar la experiencia.
Y la pertinencia pedagógica introduce una pregunta todavía más profunda: ¿para qué queremos que los alumnos utilicen inteligencia artificial y cómo sabemos si la herramienta elegida contribuye a ese objetivo?
La ley plantea una dirección, y su aplicación efectiva requerirá decisiones técnicas, pedagógicas e institucionales. No alcanza con que esos principios estén escritos. Tienen que poder reconocerse en la experiencia cotidiana de los estudiantes.
Gemini ya estaba en las escuelas antes de la nueva regulación
La Ciudad comenzó a incorporar Google Gemini a las escuelas secundarias estatales durante 2025. El 25 de febrero de 2026, el Gobierno porteño anunció la ampliación de la iniciativa a las escuelas primarias estatales. Según la comunicación oficial, los alumnos podrían acceder gratuitamente mediante sus cuentas institucionales de Google Workspace for Education.
En ese mismo anuncio, el Gobierno informó que más de 7.000 docentes habían sido capacitados, lo cual es indispensable para evitar que la inteligencia artificial se incorpore como una novedad tecnológica desconectada de los objetivos educativos. Pero también importa entender qué demuestra ese número y qué no. Que más de 7.000 docentes hayan recibido capacitación no significa, por sí solo, que se hayan medido mejoras en el aprendizaje de los estudiantes. Tampoco demuestra que todas las funciones de la herramienta sean adecuadas para cada edad ni que sus protecciones respondan correctamente ante cualquier situación sensible. Son dimensiones diferentes.
Capacitar a quienes utilizan una tecnología no reemplaza la responsabilidad de evaluar la tecnología que se eligió, y ahí aparece el informe de Common Sense Media.
Una evaluación independiente calificó Gemini K–12 como de riesgo alto
El 9 de enero de 2026, el Youth AI Safety Institute de Common Sense Media publicó una evaluación de Gemini K–12, la versión de Gemini disponible mediante Google Workspace for Education para escuelas. La calificación global fue High risk, es decir, riesgo alto. El análisis utilizó ocho dimensiones de evaluación.
Los resultados no fueron iguales en todas.
| Dimensión evaluada | Calificación |
|---|---|
| Seguridad de niños y adolescentes | Riesgo alto |
| Eficacia de la herramienta | Riesgo alto |
| Equidad | Riesgo moderado |
| Prioridad del bienestar humano | Riesgo alto |
| Conexión humana | Riesgo moderado |
| Confiabilidad | Riesgo alto |
| Uso responsable de datos | Riesgo bajo |
| Transparencia y rendición de cuentas | Riesgo alto |
Cinco de las ocho dimensiones recibieron una calificación de riesgo alto; dos, moderado; y una, bajo.
1. Adecuación a la edad: no es lo mismo tener 12 que 17 años
Uno de los hallazgos más importantes fue la falta de diferenciación suficiente entre estudiantes de distintas edades. Según Common Sense Media, la configuración para menores de 18 años aplicaba filtros comunes sin ajustar adecuadamente las respuestas a las distintas etapas del desarrollo. En sus pruebas, estudiantes de 12 y 17 años podían recibir respuestas equivalentes ante consultas que requerían diferente nivel de complejidad o sensibilidad.
El informe también encontró que las respuestas analizadas tenían, en promedio, un nivel de lectura equivalente al 11.º grado del sistema estadounidense, aproximadamente el penúltimo año de la secundaria. Esto no es un detalle menor. En educación, adaptar una explicación no significa simplemente utilizar palabras más fáciles.
Implica considerar qué conocimientos previos tiene el alumno, qué puede comprender, qué preguntas necesita hacerse y qué tipo de acompañamiento corresponde a su etapa de desarrollo. Una misma respuesta puede ser útil para un adolescente y resultar confusa, excesivamente compleja o inapropiada para un chico más pequeño.
Si la escuela diferencia contenidos, materiales y estrategias según la edad, ¿por qué no debería exigir un criterio equivalente a la IA que utiliza?
2. Salud mental: los filtros no siempre alcanzan
Common Sense Media examinó cómo respondía Gemini K–12 ante 13 temas de salud mental, entre ellos ansiedad, depresión, trastornos alimentarios, autolesiones y suicidio.
La evaluación encontró que la herramienta podía reconocer algunas señales explícitas de crisis, pero tenía dificultades cuando esas señales aparecían de manera indirecta o a lo largo de conversaciones extensas.
Y acá hay una cuestión fundamental. Una inteligencia artificial no debería convertirse, por defecto, en el adulto al que un chico recurre cuando necesita ayuda. Las escuelas necesitan saber qué hace la tecnología ante una conversación sensible, qué límites tiene y cómo se promueve la intervención de personas reales.
3. Aprendizaje guiado: una función valiosa que puede abandonarse
Gemini K–12 incluye un modo denominado Guided Learning, pensado para orientar a los estudiantes mediante preguntas en lugar de entregar directamente las respuestas.
Es una decisión de diseño pedagógicamente interesante.De hecho, Common Sense Media la reconoce como una fortaleza potencial, pero su evaluación identificó una limitación importante: los estudiantes podían salir fácilmente de ese modo y volver a la experiencia convencional. También encontró situaciones en las que la herramienta completaba tareas o ensayos en lugar de sostener el proceso de aprendizaje.
Pensemos en un ejemplo cotidiano. Un docente propone resolver un problema matemático y espera que los alumnos expliquen cómo llegaron al resultado. Una IA puede ayudarlos a identificar datos, revisar un procedimiento y descubrir un error pero también puede entregarles la solución completa. El resultado visible quizá sea el mismo: una tarea terminada, lo que cambia es cuánto tuvo que pensar el alumno para llegar hasta ahí.
Y esa diferencia es el corazón del problema. No alcanza con que una herramienta tenga una función de aprendizaje guiado. También importa cómo está integrada, cuándo se utiliza y qué posibilidades tiene la escuela de sostener ese enfoque.
4. Herramientas docentes: generar contenido no equivale a garantizar su calidad
El informe también examinó funciones utilizadas por docentes. Common Sense Media encontró que Gemini K–12 podía generar materiales que requerían revisión profesional, incluidos documentos sensibles para la trayectoria educativa de los alumnos.
La evaluación señaló problemas de contexto, sesgos y limitaciones para aplicar adecuadamente criterios educativos específicos. Una herramienta que genera un recurso en segundos no necesariamente comprende el contexto de una institución, las necesidades particulares de un estudiante o las decisiones pedagógicas que justifican una actividad.
El criterio profesional del docente sigue siendo indispensable, y la escuela debería evaluar qué información, controles y posibilidades de revisión ofrece el producto para acompañar ese trabajo.
5. Privacidad: también hay protecciones que corresponde reconocer
La evaluación no fue negativa en todos los aspectos. En uso responsable de datos, Common Sense Media asignó a Gemini K–12 una calificación de riesgo bajo.
Reconoció protecciones de privacidad, controles administrativos y medidas para evitar que los datos de estudiantes se utilizaran para publicidad o entrenamiento de modelos.
Sin embargo, como estamos hablando de educación, una herramienta puede contar con buenas protecciones de privacidad y, al mismo tiempo, presentar limitaciones pedagógicas o de seguridad en otras dimensiones. No hay contradicción en reconocer ambas cosas.
¿Qué significa esta evaluación para las escuelas de CABA?
Si la Ciudad ya incorporó una herramienta y ahora cuenta con una regulación que establece principios para su utilización, sería razonable conocer:
Qué evaluación pedagógica y de seguridad se realizó antes de seleccionar Gemini.
Qué versión y funcionalidades utilizan efectivamente los alumnos de primaria y secundaria.
Cómo se diferencian las experiencias según la edad y el desarrollo de los estudiantes.
Qué controles tienen los docentes y directivos sobre las funciones habilitadas.
Si se consideró el informe de Common Sense Media antes de anunciar la extensión a primaria.
Cómo se monitorean los resultados de aprendizaje y los posibles incidentes de seguridad.
Qué información reciben las familias sobre el funcionamiento y los límites de la herramienta.
Cómo se verificará la adecuación de la implementación a los criterios de la nueva ley.
No son preguntas para descalificar una política pública, son preguntas para comprender cómo se toman decisiones que afectan a niños y adolescentes, y deberían formularse con el mismo rigor a cualquier proveedor de inteligencia artificial educativa.
La coherencia pedagógica no puede terminar donde empieza la tecnología
Hay algo que nos preocupa especialmente de esta discusión. Durante mucho tiempo, las escuelas recibieron tecnologías que debían aprender a utilizar y adaptar. Primero llegaba la herramienta, después intentábamos encontrarle un sentido pedagógico.
Con la inteligencia artificial tenemos la oportunidad de hacer las cosas de otra manera. Podemos empezar por preguntarnos qué tipo de aprendizaje queremos promover, qué capacidades humanas queremos fortalecer y qué condiciones de cuidado necesitamos garantizar, y recién entonces evaluar qué tecnología acompaña esos objetivos.
Si enseñamos autonomía, la herramienta también debería favorecerla.
Una escuela puede enseñar que la IA debe utilizarse para investigar, contrastar ideas y profundizar la comprensión, pero si la herramienta facilita sistemáticamente obtener respuestas terminadas, la experiencia cotidiana puede entrar en tensión con ese objetivo.
Si hablamos de seguridad, necesitamos conocer las protecciones reales
Una política institucional puede indicar qué hacer ante conversaciones sensibles. Pero la escuela también necesita saber cómo responde el sistema, qué funciones pueden configurarse y qué límites persisten. La existencia de filtros no equivale a una garantía absoluta de protección. La responsabilidad consiste en conocer sus capacidades y sus límites.
Si pedimos acompañamiento docente, el diseño tiene que hacerlo posible
No podemos exigirles a los docentes que supervisen el uso de la inteligencia artificial si no les damos herramientas adecuadas para hacerlo. Necesitan formación, sí. Pero también información sobre el funcionamiento del producto, criterios claros de uso y posibilidades de intervención compatibles con su responsabilidad educativa. No podemos resolver todos los problemas de diseño tecnológico con más capacitación docente.
La coherencia también implica revisar las herramientas que ya elegimos
Hay algo que no termina de cerrar. La Ciudad incorporó Gemini a sus escuelas, una evaluación independiente identificó riesgos altos en su versión educativa y, meses después, la Legislatura aprobó una ley que busca establecer criterios de seguridad, pertinencia pedagógica y protección de los estudiantes.
Celebramos que exista una nueva regulación, pero no podemos dejar de preguntarnos por la coherencia entre lo que ahora exigimos y las decisiones que ya tomamos.
Porque no alcanza con aprobar una ley que promueve una inteligencia artificial segura y pedagógicamente adecuada si después no revisamos, con esos mismos criterios, las herramientas que ya pusimos en manos de los chicos.
Si existe evidencia independiente que identifica riesgos, ¿no corresponde examinarla antes de ampliar una implementación? ¿No deberíamos conocer qué evaluaciones realizó la Ciudad, qué protecciones verificó y qué resultados está observando?
Y hay una pregunta más. ¿Por qué, cuando pensamos en incorporar inteligencia artificial a nuestras escuelas, pareciera que las grandes plataformas internacionales son las opciones naturales, mientras que los desarrollos educativos argentinos quedan fuera de la conversación?
No estamos diciendo que una tecnología sea mejor por ser argentina. El origen de una empresa no garantiza su calidad, su seguridad ni su valor pedagógico. Pero sí creemos que una política de innovación educativa debería conocer y evaluar las alternativas disponibles, especialmente aquellas desarrolladas desde las necesidades concretas de nuestras escuelas.
La elección de una herramienta no debería depender solamente de su reconocimiento global, de su disponibilidad o de la facilidad para implementarla. Debería poder justificarse, ante todo, por su coherencia con el proyecto educativo.
Auroria: una IA educativa argentina pensada desde los principios que hoy queremos regular
En Auroria venimos trabajando desde una convicción que está en el centro de esta discusión: no alcanza con enseñarles a los chicos a utilizar la inteligencia artificial de manera responsable. También tenemos que construir y elegir tecnologías que los ayuden a hacerlo.
Somos un desarrollo argentino de inteligencia artificial aplicada a la educación. Y no nacimos de la pregunta «¿cómo llevamos un chatbot a las escuelas?».
Nacimos de otra: ¿cómo debería estar diseñada una inteligencia artificial para acompañar el aprendizaje de los chicos, respetar el trabajo docente y ayudar a las instituciones a cuidar a sus estudiantes? Esa diferencia atraviesa nuestras decisiones de diseño.
Que los chicos aprendan, no solamente que obtengan respuestas
Trabajamos con un enfoque de aprendizaje guiado, basado en preguntas y orientaciones que buscan ayudar a los alumnos a razonar, revisar sus ideas y construir respuestas propias. No queremos que la inteligencia artificial reemplace el esfuerzo de pensar, queremos que pueda acompañarlo, porque hay una diferencia enorme entre terminar una tarea y comprender lo que estamos haciendo.
Que la edad y las necesidades de cada alumno importen
No creemos que todos los estudiantes deban tener exactamente la misma experiencia con una IA, por eso contemplamos adaptaciones de aprendizaje y criterios de protección vinculados con la edad. La manera de acompañar a un chico que recién comienza a desarrollar determinadas capacidades no puede ser idéntica a la de un adolescente que está por terminar la secundaria, y la tecnología educativa debería reconocer esa diferencia desde su diseño.
Que los docentes puedan acompañar de verdad
También creemos que la inteligencia artificial no puede convertirse en un espacio completamente separado de la tarea docente. Por eso desarrollamos herramientas para que los educadores puedan orientar las experiencias de aprendizaje y contar con información que los ayude a acompañar a sus alumnos, respetando los límites de privacidad y cuidado que corresponden.
No se trata de vigilar cada conversación. Se trata de que el docente conserve su lugar como referente pedagógico y de que la tecnología no lo deje afuera.
Que cada escuela pueda sostener su proyecto educativo
Las instituciones tienen valores, prioridades, enfoques pedagógicos y maneras diferentes de entender la enseñanza. Una herramienta de IA debería poder acompañar esas decisiones.
Por eso Auroria contempla configuraciones vinculadas con el proyecto educativo de cada institución y herramientas de seguimiento institucional. La tecnología no debería imponer silenciosamente su propia manera de enseñar.
Estas son decisiones concretas de diseño, no una afirmación de que Auroria haya demostrado resultados superiores en todas esas dimensiones. Nuestros principios también tienen que poder evaluarse con evidencia, y estamos comprometidos con ese trabajo.
Pero hay algo que sí queremos poner sobre la mesa.
En Argentina existe capacidad para desarrollar inteligencia artificial educativa con una mirada pedagógica propia, y creemos que esa capacidad merece ser parte de las conversaciones y evaluaciones sobre qué tecnología incorporamos a nuestras escuelas.
No pedimos que la Ciudad elija Auroria por ser argentina, pedimos que las decisiones sobre inteligencia artificial educativa se tomen con criterios transparentes, evidencia y una evaluación real de las alternativas. Y que esos criterios se apliquen a todos.
Una ley puede establecer principios. La coherencia se demuestra en las decisiones.
La nueva Ley de Educación Digital Integral representa una oportunidad importante para CABA, pero su verdadero valor no estará solamente en lo que diga el texto sino en cómo esos principios se traduzcan en las herramientas que efectivamente utilizan los estudiantes.
Si queremos promover pensamiento crítico, tenemos que evaluar si la tecnología favorece el pensamiento crítico.
Si queremos proteger a los chicos, tenemos que comprobar qué protecciones existen y cuáles son sus límites.
Si queremos fortalecer el rol docente, tenemos que elegir herramientas que permitan ejercerlo.
Y si queremos impulsar la innovación educativa, también tenemos que estar dispuestos a conocer y evaluar las soluciones que se desarrollan en nuestro propio país.
No podemos pedirles a los chicos que utilicen la inteligencia artificial con responsabilidad si nosotros no asumimos primero la responsabilidad de elegirla con criterio. La coherencia pedagógica no puede terminar donde empieza la tecnología.
¿Y si empezamos a elegir la IA educativa desde la pedagogía?
En Auroria desarrollamos inteligencia artificial para acompañar el aprendizaje, fortalecer el rol docente y respetar el proyecto educativo de cada institución.
Creemos que la seguridad, la autonomía y el pensamiento crítico no deberían ser solamente principios escritos en una regulación. Deberían orientar las decisiones de diseño de las herramientas que utilizan nuestros chicos.
Si estás pensando cómo incorporar inteligencia artificial en tu escuela, te invitamos a conocer Auroria y conversar sobre qué tecnología necesita realmente tu comunidad educativa.
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Preguntas frecuentes sobre la nueva ley de educación digital y Gemini en CABA
¿Qué es la Ley de Educación Digital Integral de CABA?
Es una norma aprobada por la Legislatura porteña el 5 de noviembre de 2026 que incorpora contenidos y criterios vinculados con ciudadanía digital, inteligencia artificial, privacidad, bienestar digital y prevención de violencias en línea. También contempla formación docente y acompañamiento institucional.
¿La ley alcanza a las escuelas privadas?
Sí. Según las comunicaciones sobre su aprobación, la Educación Digital Integral alcanza a instituciones de gestión estatal y privada de la Ciudad de Buenos Aires.
¿La nueva ley prohíbe utilizar Gemini en las escuelas?
No hay evidencia en las fuentes consultadas de que la norma establezca una prohibición específica de Gemini. La discusión es cómo se evaluarán las herramientas de IA de acuerdo con los criterios previstos.
¿Qué es Gemini K–12?
Es la versión de Gemini disponible para entornos escolares a través de Google Workspace for Education. Incluye funciones de inteligencia artificial generativa, controles administrativos y protecciones de privacidad orientadas al uso educativo.
¿Common Sense Media calificó a Gemini K–12 como de riesgo alto?
Sí. En una evaluación publicada el 9 de enero de 2026, el Youth AI Safety Institute de Common Sense Media le asignó una calificación global de riesgo alto. Identificó limitaciones en seguridad, adecuación a la edad y aprendizaje guiado, además de reconocer protecciones importantes de privacidad.
¿Eso significa que Gemini es inseguro en todas las escuelas?
No. La evaluación corresponde a las condiciones y funcionalidades examinadas por Common Sense Media. No demuestra que todas las implementaciones, configuraciones o versiones posteriores presenten exactamente los mismos resultados.
¿La Ciudad incumplió la nueva ley al incorporar Gemini?
No puede concluirse eso a partir de la información disponible. La incorporación comenzó antes de la sanción de la norma y no contamos con una evaluación específica que permita establecer un incumplimiento. Lo que corresponde es conocer cómo se verificará la adecuación de las herramientas utilizadas.
¿Qué debería evaluar una escuela antes de incorporar IA?
Además de la privacidad y la seguridad, debería considerar la pertinencia pedagógica, la adecuación a la edad, la autonomía de los estudiantes, la accesibilidad, los controles disponibles para docentes y directivos y la posibilidad de monitorear y revisar la implementación.